Vuelven: El terror de la realidad y la fantasía como esperanza

Por: Héctor Plascencia

 

El Infierno de Luis Zapata implicó en el 2010, una muy dura crítica a la brutalidad de la violencia cotidiana a la que, como sociedad, estábamos sometidos. Siete años después, Vuelven, retoma como eje narrativo el problema del crimen, los feminicidios, el tráfico de niños y las desapariciones, pero con un toque bastante innovador.

Sin indagar mucho en las causas sociales de esa violencia, la película toma como espacio un poblado urbano marginal, que puede ser cualquier lugar del norte de México. Ahí se desarrolla la historia de Estrella, una niña de diez años, hija de una madre soltera, que ha desaparecido.

En esta ocasión, los protagonistas no son los desaparecidos, sino los hijos de estos. Una atrevida propuesta que nos confronta con el horror que hay detrás de una desaparición y donde los niños son las verdaderas víctimas, no solo de la violencia; sino de la indolencia de la gente.

Estos pequeños, han sido condenados, por su sociedad, a la peor orfandad, al desamparo y a la marginalidad. Por ello, el destino fatal de estos seres no puede ser otro, más que un mundo de violencia, calle y crimen.

 

La fantasía como esperanza

El hecho de manejar una realidad vista por los niños, sirve como recurso para articular una historia que mezcla, de manera eficaz, la fantasía y la realidad, el horror y el terror.

Estrella, nuestra protagonista, es poseedora de un gis mágico que le fue otorgado por su maestra, tras una balacera, en su antigua escuela. Ella desea que su mamá regrese. Su deseo se cumple y la madre regresa; pero como un espectro perseguidor y protector. Esta idea, inmediatamente nos remite a Mamá de Guillermo del Toro; aunque va más allá; demostrándonos en todo momento que el terror de la realidad da más miedo que el horror de lidiar con un espectro.

La mayor parte de la película es una evocación a símbolos relacionados con los imaginarios de los niños; pero, con un significado nada tierno. Por ejemplo, los “tres deseos” son ejemplo de las graves consecuencias de las decisiones prematuras. Los “tigres” como animales fuertes, que no le temen a nada, representan la aspiración compartida de los niños, por encontrar fortaleza a través de una maduración temprana. Incluso “los guascas” el grupo delictivo que trafica niños, son como “los villanos de ese cuento”.

 

La infancia perdida y la estética de lo jodido

El estilo de la película y la fotografía, se encuentran impregnadas de realismo. La moneda común del filme es la infancia perdida de sus protagonistas, la cual se niega a morir. Esto es visible en la escena donde juegan a la pelota, dentro de la residencia abandonada que se convierte en su nueva casa; sin embargo, el mayor ejemplo de inocencia reprimida es “el shine” un pequeño, que a pesar de su corta edad, se encuentra envilecido por el rencor y el sufrimiento del que ha sido víctima.

En el plano de la “realidad” filmada, encontramos constantemente símbolos de la violencia en el entorno urbano marginado. Esto es visible en las construcciones ruinosas de un pueblo casi abandonando y en el papel del grafiti, como elemento simbólico del entorno desalentador.

Llama la atención también el papel de “El Chino” líder principal del grupo delictivo regional, el cuál es candidato a un puesto de elección popular y el miedo de la policía a enfrentarlo.

La acción culmina en unos baños abandonados, que ahora sirven de “matadero” y de depósito clandestino de los restos de múltiples víctimas, sin nombre, atormentadas en la búsqueda de venganza, sobre todo, de recuperar su dignidad, para poder liberarse de ese violento entorno que las aprisiona, aun después de muertas.

 

Vuelven ll Terror ll
Dirige: Issa López ll
México ll 2017 ll 85 min

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