Die Antwoord. La noche en que se acabaron las ideas.

Por Takeshi López

El lunes desde que desperté, pensé “Llegó el día del concierto de Die Antwoord”, y supe que sería la última vez que vería a los sudafricanos en vivo. Eran 5:40 de la tarde en la ciudad que está sumida en una densa contaminación, la cual ha vuelto neblinoso el paisaje desde cualquier rascacielo. Llegué a WTC donde en cuyo costado se encuentra el venue donde el fenómeno ZEF se haría presente. El cielo cada vez se cerraba más dejando perceptible el aviso de lluvia.

Desde aquel 2009 en que sacaron su álbum debut y los descubrí navegando en la red, supe que ese estilo grotesco, oscuro, bailable, provocador, divertido e irreverente, no podía pasar desapercibido ante una industria de la música comercial que aún sigue siendo conservadora, era difícil pensar que tan buen ritmo pasaría de largo. Poco a poco Die Antwoord se fue posicionando gracias a que su estética y estructura musical tenían un estilo bien definido, antes sólo había maquetas con otros nombres como MaxNormal.TV que sólo sirvieron para que Watkin Tudor Jones a.k.a. Ninja apareciera en los radares de la escena de Ciudad del Cabo. Y así fue, después de su presentación en el 2012 en el Corona Capital (que fue una marea de euforia), presenciamos el poder de un proyecto que dominaría todos los festivales más importantes del mundo, donde tres personajes bizarros terminaban tocando y rapeando en calzones. Jamás olvidaré esa presentación y -como lo han comentado en entrevistas- ellos tampoco olvidan esa tarde en la Ciudad de México.

La expectativa que dejaron en Latinoamérica fue muchísima, al grado que regresaron dos años después al Hellow Fest de Monterrey. Hasta el 2015 vendrían nuevamente al DF (aun era Distrito Federal) como parte del cartel del Vive Latino, donde en un escenario principal abarrotado, demostraron que eran el acto que todos querían ver. Sobrevivir a ese concierto estando en primera fila fueron metas cumplidas. Una Yo-Landi Vi$$er sexy y juguetona, un Ninja seguro y entregado y Hi-tech en las tornamesas mostrando porque estaban en la cima.

Dos años después y con un sold out los representantes del Zef Side regresan, estaba apunto de revivir uno de los actos que más me habían emocionado en los últimos años. 6:50 pm las primeras gotas golpeaban el asfalto caliente y yo corría para ingresar al foro. Una división horrible de la pista del Pepsi Center me decía que no sería un concierto donde vería las nalgas de Yo- Landi de cerca. Aunque estuve temprano una barra de contención que me dejaba detrás de la consola de audio, sería el lugar que estaba obligado a ocupar dado que esa área era General (¿A que monstruo capitalista se le ocurrió esa mala organización?). Delante de esa valla y con espacio de más estaba el área VIP, espacio que nunca se llenó ¿El sold out fue una estrategia de mercadotecnia?.

La lluvia ácida dificultaba la llegada del público al Pepsi Center, pero conforme la gente se aglomeraba dentro, se creaba esa hermandad que surge del fanatismo a una misma banda de modo que ya en confianza, los porros iban llenando el aire de humo. 8:30 de la noche y el Dj abridor BrunOG a.k.a Bruno Bars (proveniente del sello capitalino Homegrown Entertaiment) se enfrentaría a un público que llevaba casi 2 horas de espera. El comienzo de su set era una base oscura de Trap, pero la mala selección de sus pistas alimentó más la desesperación de la gente. Su búsqueda por sonidos urbanos más apegados al reggaeton, el psico y el trap, hicieron que dejara el Hip Hop de lado, cuando quizo incluirlo era demasiado tarde; ni las viejas rolas infalibles de Snoop Dog lo salvaron de la rechifla generalizada.

Con un retraso de 20 minutos, el público gritaba como enajenados a cada pequeño cambio de luz y de sonido. Después de las fallas técnicas, en los visuales apareció la palabra “Play” a modo de video juego en el centro del escenario, como siempre salió primero a escena Dj Hi-Tech para hacer sonar “Chanting Monks” un intro que ha usado en algunas presentaciones, generando una algazara que se convertiría en aventones y brincos descontrolados. “We Have Candy” fue la rola con la que brincaron encapuchados al escenario Ninja y Yo-Landi Vi$$er, minutos más tarde sonó el beatbox de Watkin para ser acompañado con la base de “Fatty Boom Boom” canción famosa porque en el video se burlan descaradamente de Lady Gaga, después de que la artista de “Bad Romance” solicitara una colaboración, la cual fue rechazada por los sudafricanos. El perreo no se hizo esperar cuando las bases de reggaeton de “Girl I Want 2 Eat U” empezaron a escurrir por las bocinas.

A partir de este momento y conforme se fue desarrollando el concierto, una Yo–Landi más delgada de lo habitual, sin desprenderse en la totalidad de su atuendo como ya nos tenía acostumbrados, menos provocativa, menos explosiva y un Ninja que ya no rapeaba con la misma intensidad fueron dando un presentación que para los que somos “viejos” fans de la banda, se fue en picada dejándonos insatisfechos. Cuando sonó su nuevo sencillo “Love Drugs”, la mayoría del público no la ubicaba pero guaraguacheaban el corito pegajoso. A esta altura del concierto el público ya se había bajados los pantalones, (lo digo de manera figurada), ante un grupo que no estaba dando el mejor de los shows, la necesidad del uso de máquinas de humo, el exceso de luces y visuales me hicieron pensar que más que un recurso inteligente para atraer al espectador, era un recurso desesperado, digamos “pica ojos” como se usa coloquialmente para mantener la atención fija. Claramente la gente en su enajenación se descontrolaba como una necesidad catártica. A mi parecer eso significó una muestra de que ya hay un formulazo y las ideas se les están agotando. “Banana Brain”, una de sus mejores canciones sonó prendiendo al auditorio pero -debo aclarar- nada extraordinario. Llegó el momento en que Dj Hi-Tech se convirtiera en Dj God y mostrara que él es el que más ha evolucionado de los 3 en estos 9 años de proyecto. Una versión corta de Cookie Thumper vino a romper mis ilusiones, la banda que me había impresionado en aquel escenario del Corona, me estaba dando versiones cortadas y sin mayores arreglos.

Cerca del final llegaron “Baby's on Fire” y “I Fink U Freeky” esos dos tracks que seguro te pusieron a bailar en alguna fiesta del 2014, esta vez fueron interpretadas en versiones más lentas, sin tanta energía. Cuando me di cuenta solo estaba brincando para que no me aplastaran y no porque en realidad estuviera muy emocionado por las canciones; digo necesitarías estar muerto para no bailar o brincar en cualquier beat de Die Antwoord, pero la realidad era que estaba tratando de entender por qué ya no estaba desbordado como la mayoría, ¿será que ya no me parecen novedosos, que me daba cuenta que después de 3 tres veces de haberlos visto en vivo, no me estaban dando nada distinto, ni fresco, no había intento de superarse a si mismos?

Al terminar “Never Le Nkemise”, empezaron el encore con “I Don´t Care” de su último disco, para cerrar con la clásica “Enter the Ninja”. Al darme cuenta que su show finalizaba con la misma canción, fue el momento en donde comprendí que no volvería a ver a Die Antwoord con la misma agresividad que manejaban en un principio. Con tan solo 1 hora y 10 minutos de concierto y papelitos de colores volando, se terminó el breve concierto. Pensando en lo que Ninja ha dicho en las últimas entrevistas, concluyo en que Die antwoord necesita un descanso para replantearse el camino musical del proyecto o desaparecer y dejarnos un puñado de éxitos.

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